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En el viaje de la vida, todos compartimos el proceso inevitable del envejecimiento, aunque con matices individuales. En Clínica Alova entendemos que no hay una talla única para todos en materia de tratamientos.

En este artículo, exploraremos juntos cómo envejecemos y por qué nuestra misión no es crear nuevas identidades, sino más bien, recuperar, en la medida de lo posible, la esencia de lo que somos. Únete a nosotros en este viaje hacia la autenticidad y la belleza atemporal.

A QUÉ EDAD COMENZAMOS A ENVEJECER

A continuación analizaremos los tipos de envejecimiento en función de las etapas de la vida.
Así como la artrosis comienza a los 25-30 años, también nuestra cara va cambiando desde muy jóvenes.

INFANCIA

Como bien sabemos, la mayoría de los rostros infantiles presentan una morfología predominantemente redondeada, a menudo comparada con una «manzanita«. En esta etapa, los rasgos están marcados por curvas suaves y tersura, con una notable ausencia de ángulos pronunciados. Las líneas faciales son suaves, delicadas y mayormente circulares, contribuyendo a una apariencia general de inocencia y frescura.

ADOLESCENCIA

A medida que entramos en la adolescencia y adultez, la morfología facial se va volviendo más triangular, con un aspecto más atractivo. Los rasgos comienzan a adquirir una mayor definición, se van marcando suavemente los ángulos, los pómulos van afilándose, tanto en hombres como en mujeres. La mandíbula comienza a definirse con mayor claridad, añadiendo estructura y contorno al rostro. Las transiciones entre las zonas de la cara siguen siendo armónicas.

ADULTEZ
En la edad adulta, entre los 35 y los 60 años, empiezan los cambios que relacionamos con el envejecimiento.

Uno de los primeros cambios se observa en la zona de debajo de los ojos: se empieza a vaciar lo que llamamos estéticamente el tercio medio de la cara, empezando la sensación de ojeras. Es cuando las y los pacientes nos empiezan a decir que, sin saber por qué, se notan cara de cansadas y cansados.

Otro cambio precoz se produce en el tercio inferior, la zona de la mandíbula y el mentón. Primero se pierde definición de la línea mandibular, va apareciendo lo que llamamos “jowl» o comúnmente conocido como «cocochas». Poco a poco, la cara se va haciendo más cuadrada. El tercio medio, tan predominante en la juventud, el que nos aporta sensación de jovialidad, va perdiendo protagonismo contra la zona inferior, y la cara va volviéndose más “pesada”.

En muchas personas, el triángulo de la juventud se va invirtiendo, y el punto de luz ya no está en los pómulos, sino que la zona inferior. Es cuando los pacientes nos comentan que se ven apariencia de cara “triste”. Incluso la comisura de la boca se marca en una muesca de tristeza.

CÓMO ENVEJECEMOS

A continuación analizaremos los tipos de envejecimiento en función de las capas de nuestra piel.

Nuestro rostro está compuesto de varias capas. Aunque hay zonas con excepciones, como norma general y de profundo a superficial, ellas son: el hueso, la grasa profunda, el músculo, la grasa superficial y la piel. Y todas, TODAS estas capas cambian con el tiempo.

  1. El hueso: Nuestro cráneo es de lo que más contribuye al proceso de envejecimiento. De forma genérica, toda la zona del tercio medio se “hunde”, ese hueso se retrae. Los orificios de los ojos se agrandan, por eso parece que tuviéramos las cuencas más marcadas, y la zona de la nariz también lo hace (sí, por eso la nariz se ensancha y la punta nasal se cae). Las zonas prominentes se reabsorben, por lo que se pierde la proyección de los pómulos, así como el borde de la mandíbula se desdibuja, y el cuello se va uniendo visualmente a la cara. El mentón va perdiendo su proyección inferior y se va yendo la punta hacia adelante y hacia arriba.
  2. La grasa: Tanto la profunda como la superficial se pierden: Toda la grasa se hace más pequeña y se va descolgando. Es por eso por lo que, cuando ponemos algún producto reabsorbible, no estamos “hinchando” la cara, sino que le estamos devolviendo aquel volumen que teníamos y que hemos perdido, y por consiguiente estamos recuperando facciones más juveniles. Pero hay una excepción: La grasa del llamado surco nasogeniano y el jowl, esa grasa que está en el centro de nuestra cara y va desde la nariz hacia los lados de la boca y hasta la mandíbula, se agranda… contribuyendo al aspecto envejecido de nuestro rostro.
  3. Los músculos: Independientemente de que nuestros músculos se van debilitando y alargando, al percibir que la cara se descuelga y de una forma inconsciente, se van tensando. Por eso la persona muy mayor usa mucho los músculos de la frente para levantar las cejas que se han ido cayendo, muchas veces acompañado de un ceño fruncido. Incluso la zona de alrededor de la boca está en una contracción continua para poder cerrar los labios y gesticular a pesar de tener una estructura debilitada. Hay que saber que, devolver a la cara ese tejido perdido, no sólo ejerce un efecto de proporciones y volúmenes, sino que contribuye a destensar esos músculos, que ya no se ven obligados a compensar dicha pérdida.
  4. La piel: Por supuesto, nuestra piel tiene además su propio envejecimiento. Con el teimpo se va manchando, el color es cada vez menos uniforme. Aparecen en muchas personas nuevos vasos que hacen que a la mancha marrón se sume la rojez. La textura se vuelve irregular. El soporte de la piel se debilita, con lo que nuestro tejido se va descolgando, y cada vez más van evidenciándose las arrugas, tanto de expresión como estáticas. El brillo se apaga, con la pérdida de cohesión de la piel sobreviene la deshidratación. Y. muchas veces, sobreviene el cáncer.

Una curiosidad: Ensayos con gente de distinta edad, con mediciones de volúmenes por técnicas de imagen, han demostrado que, partiendo de la década de los 30, perdemos una media de 5.6 ml de tejido facial cada 10 años. Es por eso que, reponer nuestra estructura a cierta edad, requiere inicialmente un trabajo más importante que cuando estamos manteniendo a raya esa pérdida.

TIPOS DE ENVEJECIMIENTO

A continuación analizaremos los tipos de envejecimiento en función de la experiencia en la Clínica.

Mi forma personal de clasificar el envejecimiento, después de haber visto muchos pacientes, y lo que explico siempre en la consulta, es el siguiente:

  • El paciente que se “cadaveriza” o Envejecimiento tipo 1:  
    Son pacientes en los que predomina la pérdida de tejidos blandos. Habitualmente, han sido siempre delgados. Si bien hasta cierto punto es muy bonito, ya que se marcan los pómulos y la mandíbula de una forma atractiva, cuando eso se acentúa con la edad, van dejando ver poco a poco los huesos del cráneo. Se absorbe la sien, se ensancha el orificio de la órbita, los tejidos se van hundiendo. Son, en mi experiencia, los pacientes más fáciles de embellecer ya que, con un trabajo delicado con ácido hialurónico, a más o menos velocidad, podemos recuperar al estructura perdida, devolviendo proporciones muy similares a las de años previos.
  • El paciente que “pesa”, o Envejecimiento tipo 2:
    Son los pacientes en los que existe una clara sensación de aumento de los tejidos de la zona inferior de la cara. El rostro se vuelve “pesado”. Suelen ser caras que, en la juventud, eran más bien redondas. Podemos, desde la medicina estética y hasta cierto punto, ir mejorando esas proporciones. Además de reponer los volúmenes perdidos en la zona superior, muchas veces tenemos que acudir a distintas técnicas, como HIFU (en nuestro caso Liftera) para ayudar a disminuir dentro de lo posible la grasa que ha aumentado y a retensar los tejidos, así como a hilos tensores. Muchas veces, si se desea un resultado óptimo, habrá que realizar algún tipo de cirugía.

Si usted tiene este tipo de envejecimiento, es muy importante dejarse en manos muy expertas. Es habitual ver personas a quienes se trata de forma directa las líneas de marioneta, o la zona de alrededor de la boca, intentando disimular los pliegues que genera el peso de la cara. Pero, con esas técnicas, sólo acentuaremos el problema. Es muy importante saber cómo tratarlos, así como decir “hasta aquí se puede mejorar con medicina estética, a partir de ahora deberá dejarse en manos de un cirujano”.

  • El paciente que se “derrite”, el Envejecimiento tipo 3:
    Son pacientes en los cuales el envejecimiento es armónico, no hay grandes reabsorciones ni grandes aumentos de volumen, pero en el cual la sensación predominante es la de flacidez. Muchas veces, esta tendencia se observa ya desde la década de los 30 tardíos o 40 tempranos, cuando se empieza a deteriorar la dermis, y se va desdibujando el reborde de la mandíbula. Son personas en las que, además de trabajar en la reposición de volumen de zonas profundas, deberemos prestar atención a las áreas más superficiales de la grasa, y a la piel. Se beneficiarán del uso de ácido hialurónico, de productos inductores del colágeno, de tratamientos de redensificación con inyectables, así como aparatología para devolver esa estructura de sostén y retensar de tejidos.

Y, por supuesto, aunque estas formas predominantes definan la mayoría, en cada individuo existe una combinación única de estos mecanismos. Ya sea hombre o mujer, sin importar la raza, todos compartimos en cierta medida los diferentes procesos de envejecimiento. Aunque algunos puedan mostrar un predominio de una u otra forma de envejecer, es importante recordar que, en última instancia, todos somos seres humanos y el paso del tiempo nos afecta de manera similar. Lo importante es ponerse en mano de un medico estético con experiencia y conocimiento para abordar el envejecimiento con tratamientos personalizados y honestos.

Si estás interesado en que podamos realizar una primera consulta, programa tu consulta a través de clinicaalova@gmail.com o llamando al teléfono 622 928 471. Estaremos encantados de atenderte y ofrecerte los mejores tratamientos para la prevención del envejecimiento.