Normalmente, cuando hablamos de labios y zona peribucal los pacientes consultan por el tratamiento de hidratación de labios. Pero pocos son conscientes de que es imposible tratar el labio en sí, cuando no está soportado por un tejido fuerte y sano.

Cuando tratamos un labio como si fuera un elemento separado del resto de la cara, es habitual que la boca quede artificial. Y, si hay algo peor que un labio fino y deshidratado, es un labio mal inyectado.

¿Qué sucede cuando envejecemos? ¿Por qué nos cambia el labio?

A medida que envejecemos, se producen cambios en nuestros huesos (mandíbula, hueso maxilar y también dientes) que van haciendo que el labio se vuelva cada vez más fino y arrugado, y que nuestros músculos tengan que hacer un trabajo extra para mantener la boca cerrada, acentuando las arrugas.

También el tejido blando que rodea el labio, además del labio en sí, pierde estructura. Se vuelve fino, fácil de quebrar con los movimientos del día a día. La distancia desde la nariz al inicio del labio suele alargarse, y al perder soporte en la zona inferior el labio se “descuelga”.

Cómo podemos mejorar los labios y la zona peribucal

Por eso es importante tratar primero lo que llamamos el labio blanco, que es ese triángulo que queda entre la nariz y el borde del labio. No sólo si presenta código de barras, sino también si está vacío o sin soporte. Ello hace que, sin tocar el labio en sí, muchas veces mejore.

También deberemos tratar la zona de debajo del labio, desde su borde hasta el mentón. Porque es una zona compleja que no sólo pierde volumen, sino que tiene músculos que, al contraerse, retraen tanto el labio como las comisuras hacia abajo, dando una imagen de tristeza permanente.

Y entonces, cuando veamos que el terreno está preparado, será cuando tratemos el labio en sí.